Las grandes ciudades son una excepción: fuera de Argel, como pudimos comprobar en nuestra excursión bordeando la costa dirección Tenes, camino de Oran por la carretera de los riscos. Esta carretera va bordeando los acantilados que caen en picado al agua y así es hasta el final, curvas imposibles por las que ya ha pasado algún camión largo y se ha cargado las vallas de protección.
Lo que quiero resaltar aquí es que, por cada pueblo que pasábamos, la presencia femenina era inexistente, están encerradas en sus casas. Esto se repite en las distintas excursiones por las que transitamos por pueblos. Le quita alegría al lugar.
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